"Me iban a ejecutar y él me salvó la vida": Jorge Silva, el capitán de la Fuerza Aérea de Chile que desafió las órdenes de los golpistas y terminó torturado

2026-09-12 11:41:29 - MUNDO

El día del golpe de Estado en Chile, el capitán Jorge Silva Ortiz estaba destinado en la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea. Era el 11 de septiembre de 1973 y pidió que no lo enviaran a la calle a reprimir y capturar a presuntos partidarios del recién depuesto gobierno del socialista Salvador Allende.

Silva quedó a cargo de la logística en la Escuela de Especialidades de la Base Aérea El Bosque, un sitio que fue utilizado como campo de detención, tortura y exterminio.

"Vi cómo iban llegando los camiones cargados de presos a los que dejaban en un hangar rojo", dijo Silva en una entrevista en 2012 con Ciper, un medio chileno de investigación. "Ahí fue cuando vi a dos jóvenes".

Esos jóvenes eran los estudiantes Fernando Villagrán y Felipe Agüero, detenidos el 16 de septiembre en las inmediaciones de la población La Legua, en el sur de Santiago.

El relato de Silva continúa: "Me acerco al suboficial y le pregunto: '¿Qué pasa con estos dos muchachos?' Y el suboficial me dice que los han sorprendido en un auto con un documento en el que se preparaban para enfrentarse a la Junta Militar, por lo que los van a fusilar en la noche".

"Mira, hay un vehículo que va a salir dentro de dos horas al Estadio Nacional. Échalos en ese vehículo, le dije al suboficial. Y no los fusilaron".

Tal como él había ordenado, los dos jóvenes fueron subidos a un vehículo -que formaba parte de un convoy- junto a un grupo de pobladores de La Legua y unos dirigentes sindicales brutalmente golpeados.

"Éramos más de 20, quizás unos 30, todos en muy mal estado por los golpes", recuerda en diálogo con BBC Mundo Fernando Villagrán, autor del libro "Disparen a la Bandada", en el que narra los hechos.

Jorge Silva no tenía la misión de llevar prisioneros políticos al Estadio Nacional, pero él decidió hacerlo por cuenta propia, relata Villagrán, de 77 años.

El estadio fue transformado en campo de concentración y tanto Villagrán como Agüero sufrieron torturas.

Pero gracias a la orden de Silva de trasladarlos allí, no fueron ejecutados esa noche.

"Nosotros teníamos que ser eliminados en el camino", dice Villagrán.

"Me iban a ejecutar y él me salvó".

La película "Hangar rojo" pone en escena el gran dilema moral que enfrenta su protagonista, el capitán Silva. [Gentileza Storyboard Media]

Esta historia está en el corazón de "Hangar rojo", una película dirigida por Juan Pablo Sallato e inspirada en el libro escrito por Villagrán, quien además colaboró con el guión de la cinta.

Siguiendo los acontecimientos que ocurrieron en la vida real, la ficción cinematográfica recoge detalles íntimos e históricos sobre la experiencia vivida por su protagonista, el capitán Silva, en las horas decisivas que cambiaron la historia de Chile.

El propio Silva contribuyó en la minuciosa reconstrucción de esos momentos a través de largas conversaciones con el guionista, Luis Emilio Guzmán, con Villagrán y con Sallato, el director.

"Le pedimos que nos contara todo lo que había pasado en esos días, minuto a minuto, desde la mañana hasta la noche", cuenta Sallato a BBC Mundo.

Esas conversaciones ayudaron a darle vida a un intenso thriller político y humano filmado en blanco y negro, donde las órdenes, las lealtades y las convicciones personales se enfrentan en un momento decisivo.

Después de haber ganado 19 premios en festivales internacionales y un exitoso debut comercial en Italia, Sallato comprobó que la cinta ha resonado en muchos países.

"Muestra un dilema moral que puede pasar en cualquier parte del mundo", sostiene. "Al final se trata de la humanidad dentro de la barbarie, con todos sus grises".

Cuando tenía 24 años, Fernando Villagrán estuvo detenido en el hangar rojo de la Escuela de Especialidades de la Base Aérea El Bosque junto a su amigo Felipe Agüero. [Gentileza Fernando Villagrán]

La barbarie que vivió Villagrán en el hangar rojo no ha desaparecido de su memoria.

Tiene nítido el recuerdo de un simulacro de fusilamiento que le dieron como bienvenida, seguido por interrogatorios y torturas.

"Estaba siempre con la vista vendada y hasta perdí la conciencia en algún minuto", dice Villagrán, quien en ese momento sabía que su pareja estaba embarazada y pronto sería padre.

Cuando llegó al Estadio Nacional, aunque se había salvado de una ejecución inminente gracias a Silva, continuaron los tormentos que experimentó en la base aérea.

"Fue como seguir la pesadilla… Las torturas… la brutalidad, porque era brutalidad pura, aplicada con corriente y otras cosas que yo no conocía".

Él y su amigo Felipe Agüero fueron trasladados desde el estadio a la Cárcel Pública de Santiago donde, sorpresivamente, se encontraron con un uniformado que también estaba preso: era el capitán Jorge Silva.

El piloto y experimentado paracaidista estaba recluido en la galería del lado, donde permanecían decenas de oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea que se negaron a participar en el golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet.

Cuando los jóvenes identificaron el rostro de Silva, cuyo nombre no conocían, Villagrán se acercó a él, le tocó el hombro y le dijo: "Hola, ¿se acuerda de nosotros?".

El capitán asintió discretamente, casi sin inmutarse.

Silva había sufrido su propio calvario.

En 1970, trabajaba como oficial de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea, tras haber recibido formación en la Escuela de Las Américas, en Panamá, y en Estados Unidos.

Silva fue detenido y torturado por sus propios compañeros de armas. [Gentileza Storyboard Media]

Poco después de que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales, el jefe del Departamento de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea, el coronel Mario Jahn, viajó a Panamá y dejó al capitán Silva a cargo de la unidad.

Sorpresivamente, un grupo de uniformados de alto rango lo convocó a participar en un complot para asesinar al presidente electo. Cuando vio que el plan estaba en curso, decidió informarle directamente a Allende, cuenta Villagrán.

La postura constitucionalista de Silva quedó en evidencia ante sus superiores durante aquel episodio y tres años después, cuando finalmente las fuerzas armadas derrocaron al gobierno, el capitán estaba en la mira.

Más aún después de llevar al Estadio Nacional a los detenidos del hangar rojo que debían ser ejecutados.

El general Augusto Pinochet (izq.) y el presidente socialista Salvador Allende el 23 de agosto de 1973 en Santiago, poco después de que Allende lo nombrara jefe del Ejército y apenas tres semanas antes del golpe de Estado. [AFP via Getty Images]

"Yo sabía que iba a caer", dijo Silva. Solo era cuestión de tiempo. Hasta que una noche, recibió un llamado telefónico para presentarse en la casa de un superior.

Cuando iba llegando a la puerta le pusieron una capucha en la cabeza y le quitaron el arma, relató. "En ese momento dejé de ser capitán de la Fuerza Aérea".

Era el 9 de octubre de 1973. Ese día comenzó un tormento que lo dejó en varias ocasiones al límite de la muerte producto de las torturas a las que fue sometido por sus propios compañeros de armas en la Academia de Guerra Aérea.

"La condición física del capitán estaba muy deteriorada", cuenta Villagrán en su libro.

Por esos días, los interrogadores solían llevar al límite de la muerte a sus víctimas al aplicarles choques eléctricos, sumergirlos en agua, golpearlos con objetos contundentes, amenazarlos con que matarían a los miembros de su familia.

"Los golpes eléctricos le provocaron acentuadas taquicardias y hemorragias", dice el autor, una condición que el propio Silva reseña en relatos posteriores.

El siguiente destino del capitán fue la Cárcel Pública de Santiago.

Soldados custodian a detenidos políticos en el Estadio Nacional tras el golpe militar. [Getty Images]

Esa fue la misma cárcel donde se encontró por casualidad con los estudiantes Villagrán y Agüero que había conocido en el hangar rojo.

Considerado un "traidor" por los golpistas, sufrió terribles vejámenes que estuvieron a punto de costarle la vida.

Lo mismo le ocurrió a decenas de uniformados en los días y meses posteriores al golpe.

Entre ellos se encontraba el general Alberto Bachelet -padre de la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet-, quien murió en esa cárcel tras ser torturado por sus antiguos camaradas el 11 de marzo de 1974.

Junto a otros miembros de la Fuerza Aérea, Silva compartió con Bachelet la celda número 12 de la Galería 2.

El capitán estuvo con él el día de su muerte, según quedó establecido en la sentencia judicial sobre el caso Bachelet dictada en 2014 y confirmada por la Corte Suprema en 2016.

Ese mismo año, la justicia chilena anuló las condenas de los Consejos de Guerra dictadas contra 84 miembros de la Fuerza Aérea que habían permanecido en el recinto carcelario por desafiar las órdenes. Entre ellos estaba el capitán.

Tras permanecer privado de libertad por casi cuatro años, Silva se fue a vivir en el exilio a Londres en 1977.

Silva alertó sobre un complot para asesinar al presidente Salvador Allende en 1970. [Gentileza Storyboard Media]

Más de 20 años después, Silva trabajaba como ejecutivo de una empresa de carga aérea en Londres, cuando le hicieron llegar una entrevista publicada en la prensa chilena en la que Felipe Agüero rememoraba parte de su paso -junto a Villagrán- por la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea en El Bosque y reconocía a un capitán de apellido Silva por haberlos ayudado a salir del hangar rojo.

El capitán Jorge Silva y Fernan do Villagrán se reencontraron 28 años después y cultivaron una larga amistad. [Gentileza Fernando Villagrán]

Al leer ese texto, cuenta Villagrán en su libro, el excapitán reaccionó con dolor, al revivir los duros momentos de esa época, pero luego sintió alivio y satisfacción al pensar que esos jóvenes habían sobrevivido.

Silva decidió enviarle un email a Agüero en el que decía: "Soy el capitán de la Fuerza Aérea que le ayudó a salir".

De ahí en adelante se abrió una puerta que nunca más se cerraría. Silva en Londres, Agüero en Miami y Villagrán en Santiago comenzaron a escribirse.

En uno de esos correos electrónicos el excapitán dice: "No todos en la querida Fuerza Aérea fuimos criminales".

Silva nunca perdió su apego a la institución pese a los tratos inhumanos que recibió de sus propios compañeros. Nunca dejó se ser un aviador, cuenta Villagrán.

Fue ese mismo año 2001 cuando Silva se reencontró en Santiago con esos dos jóvenes estudiantes que había conocido en el pasado, cuando viajó de Londres a Chile para participar en el documental Estadio Nacional, de Carmen Luz Parot.

La primera vez que se vieron las caras fue en la oficina de Villagrán. "Nos costó un poco iniciar la conversación. Para mí, por cierto, era algo inédito estar conversando con alguien que me salvó de la muerte".

Fueron juntos al Estadio Nacional para que Silva compartiera su testimonio en el documental.

Durante ese viaje, Villagrán tuvo la oportunidad de decirle al capitán algo que siempre había querido decirle personalmente: "Te debo la vida".

"Eso creó un vínculo muy fuerte para mí, pero lo hablamos en dos o tres minutos y nunca más. Después de eso no volvimos al tema y empezó una amistad muy larga".

"Cada vez que Jorge venía a Chile se quedaba en mi casa", cuenta Villagrán. "Para los que no lo conocían era muy parco; para mí, era un gran ser humano, una muy buena persona".

Jorge Silva murió el 19 de agosto de 2024 en Londres, Inglaterra. [Gentileza Fernando Villagrán]

Y como grandes amigos, se pasaban horas hablando de libros, películas, de cosas mundanas, de sus familias. "Nos entendíamos muy bien porque él era porfiado y yo también. Le daba siempre una vuelta de tuerca a las conversaciones y eso era entretenido", recuerda.

"Jorge era un tipo reservado y muy tranquilo. Un tipo inteligente y muy definitivo en sus opiniones. Yo creo que estaba hecho para hacer su vida en la Fuerza Aérea, esa era su vocación".

En lo político, cuenta Villagrán, "no era una persona de izquierda". Era más bien, "un profesional, constitucionalista, amante de su profesión aérea. Y cuando Pinochet estuvo detenido en Londres, él fue a manifestarse" para exigir su extradición a España.

Silva fue fundamental en la creación de la película "Hangar Rojo", dice Villagrán. Tanto así que sin su participación, afirma, la película habría sido imposible.

La amistad continuó por años. Incluso cuando Silva se enfermó y tuvo que ser internado en un hospital londinense, seguían enviándose mensajes por WhatsApp.

"Hasta que un día dejó de contestarme. Su hija, Bárbara, tomó su celular para contarme que Jorge había muerto".

Jorge Silva Ortiz falleció de cáncer a los 86 años, antes de que se estrenara la película, que será exhibida en las salas de cine en Chile a comienzos de octubre y en la que el capitán se convierte en símbolo ético de los militares que defendieron la democracia.

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Fuente: bbc.com
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